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lunes, 14 de febrero de 2011

(4) MONÓLOGOS DE MI VECINO

 “La familia Portabales y el alpiste del canario.”
(Dedicado a R. Portabales, hijo)
-Esta noche vengo lo que se dice “pasmao”, vecino. ¡Pues no que el chiquillo, que ahora cuenta quince años de edad, me acaba de dar una lección de cómo tiene uno que andar por la vida! Lo que escucha. Sí, sí. Me explico:
-Mire, yo lo de informarme siempre lo he hecho a través de los telediarios, como to quisqui, y leyendo los titulares del periódico provincial mientras me tomo mi cafelito con churros de por las
mañanas, porque ¡eso sí! mi café con churros que no me los quiten por mucha crisis que haya. ¡Hasta ahí podía uno apretarse el cinturón! Vamos, como si no se supiera que al cinturón ya no le queda ni un agujero.
-Bien, bien. Concretando “que es gerundio”. Resulta que va mi chaval y me pregunta:
Padre ¿qué es la “Operación Nécora”?
-A mí me dio la chamusquina de que el joío niño lo que quería era examinarme; vamos, comprobar “in situ” hasta dónde alcanzaban los conocimientos paternos, porque claro, como Ud. sabe, uno no ha nacido así; uno tuvo alguna vez quince años. De todos modos a mí me sonaba aquello a  algo de Galicia, pero como uno ya va teniendo goteras en la memoria, y sobre todo para no quedarme callao, le contesté al niño: “Me parece que eso fue lo del chapapote de allí arriba; un barco que se partió y puso to el marisco hecho un asquito de eso, de chapapote.”
-No se ría usted, hombre, no se ría que ya vengo resabiao con la guasita
del niño, ¡coño! ¿Que por qué? Pues porque el enterao me contestó, con una risita que sé yo de lo que iba la puñetera risita: “Papá. Eso fue lo del “Prestige”. La “Operación Nécora” fue una especie
de redada a lo bestia (“de casta le viene al galgo”) que se hizo el 12 de junio de 1.990. El mandamás fue el juez Baltasar Garzón y le ayudaron dos fiscales de la Audiencia Nacional. La dirigió desde un pueblo que se llama Vilagarcía. Fue la primera contra los traficantes de cocaína y de hachís en Galicia y pudieron hacerla porque un año antes, desde Pontevedra, un hombre llamado Ricardo Portables,
le dio a la poli los nombres de los traficantes de la ría de Arosa, con los apellidos y to. Lo hicieron na mas y na menos que con 300 polis, padre.”
-¿Sabe Ud. cómo me quedé, vecino? Pues “como el que se tragó el cazo”, con la boca más
abierta que los leones de correo. Total, que para salir del fregao, le dije al niñato: “¡Ah!, sí. Ya
me acuerdo, lo que pasa, hijo, es que tu padre ya va pa viejo y pierde aceite por la memoria”. Y me atreví a preguntarle: Tú ¿de dónde has sacao to eso, hijo? Y el niño, como un papagayo, me contestó: “De Google, es que tengo que hacer un trabajo pa el Insti.”
-Cuando se acostó, me cogí su portátil y estuve hasta las cuatro de la mañana informándome. Más que na, pa no volver a  hacer el ridículo. Me metí en el Google ese ¡con el asquito que le tengo yo a leer en una pantalla! ¡Donde se ponga un periódico que entre la tinta y el aceite de los churros te pone los dedos perdíos, que se quite el Google! ¿No es así, vecino?
-Lo que más me interesaba descubrir es qué habría pasado con ese hombre y con su familia, porque para denunciar a una mafia como esa hay que tenerlos muy bien puestos y jugarse no sólo la vida propia, sino lo de sus seres más queridos. Bueno, pues dándole vueltas y vueltas al ordenador (la investigación no tuvo na de fácil) pude enterarme de que D. Ricardo Portabales Rodríguez era natural de de Marín y que hizo la mili  como submarinista, o sea, que digo yo, que tenía que estar cuadrao el “tío”. También me enteré de que quiso ser policía cuando joven pero que no pudo ser y, como esta vida da verdaderas vueltas de campana, pues le cambió por completo el rumbo.
Pude enterarme  de que a la familia del Sr. Portabales se le aplicó la Ley de Protección de Testigos, de que legalmente les hicieron abandonar su casa y sus raíces, de que les dieron una documentación nueva, o sea: falsa. De que, finalmente los “protegieron” en el constante escondite de un chalet de
Madrid y que, del mismo modo, los “protegieron” económicamente con una pensión vitalicia de de 1.100 € mensuales con cargo a los Fondos Reservados del Ministerio del Interior. Cuando me acuerdo del Roldán (¡que de ese chorizo sí que me acuerdo!) pienso que aquellos 1.100€ eran “una fortuna” para la familia de un hombre que, con razón o sin ella, se jugaba su vida y la de los suyos pa que, al final, unos cuantos se pusieran otra medalla… ¡Vaya mierda de fortuna! Todo esto, como puede usted inferir (¿se fija cómo me expreso desde que uso Google, vecino?) sucedía en los últimos
años de los gobiernos de Felipe González, que ese sí sé quién es sin tener que mirar el ordenador: Ese era hijo de su padre y su padre tenía una vaqueriza en Sevilla, creo que por Bellavista, ¿o no? No me acuerdo bien. Lo cierto es que  ahora tiene una paguita por currar de sabio en Europa… ¡Listo que le salió el chaval al padre, a la madre y a… to la familia!
-Pues me enteré de más cosas. Pude saber que el juez que llevó todo el tinglao (como había dicho el joío niño) fue el Garzón, mano a mano con otro que se llama Luciano Varela y que entonces trabajaba en Pontevedra. Yo recuerdo que el juez Garzón estuvo un tiempo de político del Felipe y que de allí salió escopetao, no sé por qué. Me entero de que el juez Varela fue ascendido y que ahora curra en el Tribunal Supremo (¡toma ya el peaso de ascenso! Ese juez tiene que valer su precio en oro) También me entero de que, desde ese puestazo, es hiper-amigo (como dice mi hijo) de un
tal Juan Alberto Bellot que fue ministro de Justicia e Interior, o sea: ¡Hiper-ministro! Y me vengo a enterar de que el tal Bellota… ¡Joder! ¡Ya metí la pata! No hombre, no. (Donde digo Bellota, quiero decir Bellot y lo otro ha sido un patinazo ¿Queda claro?) Bueno, a lo que iba, resulta que el señor D. Juan Alberto Bellot era, según dicen, enemigo declarado del televisivo y últimamente cinematográfico juez Garzón y, a su vez, hiper-amigo del juez Luciano  Varela y que, este último, es el que ha sentado en el banquillo al Garzón. Además de todo esto, parece que hay papeles por ahí que pueden llevar a Garzón a más banquillos. ¡Ufff! ¡Esto no hay Dios que lo entienda, vecino!. ¿O sí?
-Esto a mí me huele muy mal porque nada está claro y, cuando las cosas no están claras para mí, que soy un hombre sencillo y de la calle, como somos la mayoría de los votantes de este país, resulta que siempre hay gato escondido ¿No dicen que la democracia somos la mayoría? Pues si es así y si la mayoría somos la gente de la calle ¿quién tiene que entender las cosas?... Por eso le digo que yo, con mis manos políticas limpias, pienso que cuando la mayoría no entendemos las cosas es que, o no se explican bien, o no se quieren explicar porque apestarían demasiado.
-Pero lo de servidor de usted no es la investigación. Lo de uno son los hechos contantes y sonantes, como las antiguas pesetas, y los hechos cuentan que los hijos de D. Ricardo Portabales Rodríguez no fueron al colegio. Como lo oye. No fueron al colegio porque iban maestros a darles clase a “su casa” que, como estaba siempre custodiada por escoltas con metralletas, era como una cárcel y claro, los maestros cuando se olían el pastel se iban a buscar tabaco y ya no volvían más. Los hijos de este Sr. y su esposa, que ahora ya tiene 60 años, han vivido un calvario; sin amigos, sin otras relaciones que las de ellos mismos entre ellos  y las de sus escoltas, sin niños con los que salir a hacer picardías… Lo que le digo: ¡han vivido más de 20 años en una cárcel! Y eso no es lo peor, lo peor de todo es que ahora, con la puñetera crisis de los cojones… (Perdóneme, vecino, pero es que hay cosas que hacen que me hierva la sangre y me das dos patadas en mis partes nobles) Como iba diciendo, ahora, con la crisis, van y tienen la poca vergüenza de decirles que ya no hay dinero en los Fondos Reservados del Ministerio del Interior, les quitan los 1.100€, que les retiran la escolta, que les quitan la casa y que los dejan a su suerte y en la puta calle… ¡Me cago en…!
-A mí me recuerda esto último, tan indignante y tan injusto, a algo que presencié en una ocasión en el pueblecito en el que, la semana pasada, le dije que había estado trabajando. Un día me invitaron a un Pleno de la Corporación Municipal y fui. Allí estaba sentado un hombre rechoncho que era el Concejal delegado de Parques y Jardines, pero como en el lugar no hay parque y los únicos jardines
que existen son los arriates de las calles, pues el hombre tenía en el Ayuntamiento a un canario enjaulado al que alimentaba con alpiste adquirido con los fondos municipales. En aquel Pleno el Secretario-Interventor informó de lo vacías que se estaban quedando las arcas municipales y al pobre hombretón rechoncho, Concejal delegado de Parques y Jardines, se le escapó: ¡Me cago en
diez! ¡Ya me están cortando el alpiste del canario!
-Sí, lo Google, no está mal… Hombre, si fuera con churros…
Hasta el domingo que viene, vecino. Ahora toca echá la peoná pa cogé al perro. ¡Vamos, “León”!

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